Irune Martínez de Apellániz, integrante del equipo de debate de APDEMA; Rodrigo González, responsable del programa autogestores y técnico de proyectos; y Adrián Fernández, formador del equipo, comparten cómo han vivido la experiencia de participar en la sexta edición de la Liga Española de Debate para Personas con Discapacidad Intelectual Yo tengo opinión.
Hablar en público y defender una idea ante un jurado. Hace apenas unos meses, esto parecía un desafío inalcanzable para el equipo de debate de APDEMA. Sin embargo, no solo lo ha conseguido, sino que además ha alcanzado un histórico tercer puesto en un certamen que convierte la argumentación y la oratoria en herramientas de aprendizaje, participación y presencia social. APDEMA se ha convertido, además, en el primer equipo vasco en formar parte de esta iniciativa pionera, que reunió a 13 equipos de nueve provincias para debatir sobre una cuestión de plena actualidad: ¿Sería preferible multar o premiar por reciclar?
El origen de este proyecto se remonta a la final del Campeonato de España de Debate Universitario, celebrada en Vitoria-Gasteiz. Allí, varias personas con discapacidad intelectual de APDEMA colaboraron como voluntarias y aquella vivencia despertó su interés por esta Liga de Debate dirigida a personas con discapacidad intelectual. A partir de ese momento comenzó un proceso de preparación que culminó los días 13 y 14 de junio en Madrid, donde el equipo afrontó la fase final con una mezcla de ilusión y nervios.
Un proyecto transformador
El impacto de esta iniciativa ha sido enorme para todas las personas participantes. «Históricamente ha sido un colectivo excluido. Poder darle voz en este proyecto ha sido impresionante. Son personas que no habían tenido la oportunidad de hablar en público y que se autolimitan. Pero el avance en cuatro meses ha sido enorme», destaca Adrián.
De febrero a junio, las ocho personas que integran el equipo se prepararon intensamente investigando, buscando información, construyendo argumentos, elaborando discursos y aprendiendo técnicas de oratoria. Porque debatir no consiste únicamente en saber qué decir, sino también en cómo transmitirlo, un aspecto al que Adrián presta especial atención.
«La comunicación no verbal y paraverbal, es decir, los gestos, la voz, los silencios, el ritmo… todo eso comunica y tiene muchísimo peso. Hemos potenciado los puntos fuertes de cada participante. Pero, sobre todo, hemos reforzado su confianza en sí mismas. Han descubierto que valen mucho más de lo que ellas mismas pensaban».
Era la primera vez que Adrián acompañaba a un equipo de personas con discapacidad intelectual y reconoce que asumió el reto con ciertos miedos. Sin embargo, pronto descubrió que el proceso de preparación era muy similar al que desarrolla habitualmente con otros grupos. «La metodología ha sido bastante parecida a la que utilizo con universitarios. Muchas veces hemos tenido que simplificar la información, pero eso ocurre siempre. Lo importante es que la información se entienda y llegue a los jueces, no porque sea un debate de personas con discapacidad».
Esta experiencia también ha cambiado su mirada hacia la discapacidad. «Yo nunca me había sentado con estas personas a trabajar. Partía de una ignorancia y un desconocimiento completos, pero te das cuenta de que son muy capaces. Todos somos muy diferentes y esa diversidad nos enriquece. Estamos muy orgullosos de todo el trabajo».
La palabra como herramienta de empoderamiento
Esta idea la comparte Rodrigo, quien insiste en que el verdadero objetivo nunca fue ganar la Liga. «Lo que buscábamos era utilizar la oratoria como una herramienta de empoderamiento que contribuyera al crecimiento personal y que pudieran aplicar en su día a día. Además, creíamos importante abrir más espacios para que las personas con discapacidad intelectual pudieran expresarse».
Rodrigo reivindica el valor de la palabra en una sociedad donde, según afirma, cada vez hay menos conversación e intercambio de ideas. «La palabra está desapareciendo, ahora priman los mensajes de WhatsApp y se nos está olvidando debatir. La palabra nos empodera».
Está convencido de que el diálogo es una herramienta especialmente valiosa para las personas con discapacidad intelectual y lo resume con una idea clara: «La opinión y la palabra también tienen que pertenecer a las personas con discapacidad intelectual. Tienen voz y el debate no debe ser un espacio reservado únicamente para determinadas élites».
Orgullo, esfuerzo y mucho compañerismo
Entre las protagonistas de esta historia está Irune, integrante del equipo de debate de APDEMA, que recuerda con emoción cómo ha vivido esta aventura. «Eran muchos nervios porque era la primera vez que iba, pero he estado bastante bien. Siento mucho orgullo, me siento importante. Éramos el primer equipo de Euskadi que iba a la Liga de Debate y eso también era mucha responsabilidad».
Durante cuatro meses, el equipo ensayó los debates con gran dedicación. Incluso practicó en el Parlamento Vasco, aunque sin público, para familiarizarse con el uso de los micrófonos y las cámaras y ganar seguridad antes de la competición. «He aprendido a no bloquearme cuando algo no sale como esperaba», explica Irune.
Uno de los momentos más exigentes llegó cuando tuvo que realizar una refutación de cuatro minutos de memoria, apoyándose únicamente en algunos soportes, como gráficos y noticias de periódicos. Su actuación fue tan destacada que terminó siendo reconocida como la cuarta mejor oradora de España.
De todo lo vivido en Madrid, Irune se queda sobre todo con el compañerismo. «Lo mejor fue el equipo. Si a alguien no le salían bien las cosas, allí estaban los demás para animar. Ese apoyo fue muy importante». Ahora espera con ilusión disfrutar de la Bajada de Celedón desde el balcón del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz, un reconocimiento que pondrá el broche de oro a una experiencia inolvidable.
Más allá del histórico tercer puesto, el equipo de APDEMA ha demostrado que las personas con discapacidad intelectual tienen argumentos, tienen opinión y, sobre todo, una voz que merece ser escuchada.

