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Iniciativas frente al coronavirus: la experiencia de Uliazpi

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Este artículo trata de las medidas que Uliazpi tomó

para cuidar la salud de las personas usuarias y de los profesionales. 

 

Antes del estado de alarma

la Diputación Foral de Gipuzkoa

avisó a Uliazpi de la situación que podía llegar.

Por ello, empezó a tomar algunas medidas.

Por ejemplo, limitar algunas actividades

crear un equipo de trabajo

y preparar un plan de atención.

 

Luego tomaron más medidas.

Siguieron pautas muy estrictas de higiene personal,

limpieza de las viviendas

desinfección de espacios exteriores

y   también hicieron videollamadas a las familias.

 

Uliazpi dice que todo el mundo se ha volcado  en esta crisis.

Todos se han unido

y  ahora  la organización es más fuerte.

Uliazpi es un organismo autónomo de la Diputación Foral de Gipuzkoa creado en 1989 cuyo fin es proporcionar servicios y apoyos que contribuyen al desarrollo de la calidad de vida de las personas con discapacidad intelectual residentes en el Territorio histórico de Gipuzkoa. En Uliazpi trabajan aproximadamente 300 personas distribuidas en los distintos servicios y centros. Los servicios prestados son los siguientes: vivienda, con 219  plazas; vivienda para personas menores de edad, con 7 plazas;  la atención de día, con 297 plazas; las estancias temporales de respiro familias,  con 4.100 estancias noche en sus diferentes modalidades en 2019; el apoyo en el hogar y el apoyo técnico. Estos servicios se prestan en los siguientes centros: Donostia y Ategorrieta (Donostia), Fraisoro (Zizurkil), Zubieta (Hondarribia), Dr. Zubillaga (Bergara) y la utilización de una planta del centro Egogain (Eibar).

Nuestra experiencia con Coronavirus

En las fechas previas al Decreto del estado de alarma, el Departamento de Políticas Sociales de Diputación Foral de Gipuzkoa ya nos había anticipado el posible escenario y, con esta previsión, tomamos las primeras decisiones, entre ellas, limitar parte de la actividad, crear una mesa de coordinación para afrontar la crisis, diseñar un plan de contingencia para cada uno de sus siete centros y proveemos de material de protección. De esta forma, cuando identificamos sintomatología en seis personas usuarias en el Centro Zubieta, activamos de inmediato los protocolos de actuación, tanto las pruebas de Osakidetza como las medidas de prevención laboral. Ante la primera sospecha de contagio el trabajo previo que habíamos realizado fue esencial para responder con rapidez y evitar la expansión del virus. También contamos en todo momento con el respaldo de la OSI (Organización Sanitaria Integrada) de la zona de Bidasoa y del Departamento de Políticas Sociales, entre otras entidades que nos ayudaron en estos momentos complejos y de mucho estrés.

En la contención del coronavirus un elemento relevante fue la propia arquitectura del centro, integrado por seis villas independientes que acogen a 12 personas cada una. Esta distribución nos permitió acotar un módulo de aislamiento para las personas contagiadas, inicialmente fueron cinco de una misma villa y posteriormente otras cinco. El foco estaba muy localizado en una de las viviendas, y ello favoreció el confinamiento y que pudieran establecerse recorridos específicos para evitar la contaminación.

Por otra parte el hecho de que fuera la primera residencia, la normativa vigente en ese momento implicó que más de 40 personas tuvieran que irse a sus casas en cuarentena, con la dificultad de disponer de los recursos humanos suficientes. Así mismo el disponer de EPIs de protección para el personal era un auténtico reto.

A las primeras medidas de urgencia se añadieron otras muchas: pautas muy estrictas de higiene personal y limpieza de las viviendas; desinfección semanal de espacios exteriores realizado por empresas especializadas y bomberos; incremento de las  horas de atención sanitaria; refuerzo de plantillas, sustitución de parte del personal hasta conocer el resultado de las pruebas, ajuste de horarios laborales para hacer más llevadero el trabajo con EPI; recogida diferenciada de residuos… Y en medio de esta vorágine, también cuidábamos de la comunicación con las familias. Había que informar de primera mano para transmitirles tranquilidad y decirles que sus hijos/as estaban bien. Asimismo, activamos las videollamadas. Era una posibilidad que antes planteábamos en casos excepcionales, ahora han venido para quedarse.

Un refuerzo en comunicación que también los y las profesionales de Uliazpi realizamos con las personas con discapacidad. Con pocas palabras y mucha paciencia les explicamos que había un virus, que debían cuidarse y que no podían salir a la calle. Vernos en el día a día con las EPI o con mascarillas también les ayudó a entender la especial realidad que estábamos atravesando.  También las personas residentes que interiorizaron lo que sucedía trasladaban a sus compañeros mensajes insistiendo en la protección.

Tres semanas sin COVID-19

Superada la fase más virulenta y libres de coronavirus, estamos colaborando con la Diputación Foral de Gipuzkoa en la previsión de contextos futuros y en la mejora de la respuesta ante un nuevo brote. Asimismo, nos encontramos diseñando nuevas actualizaciones de planes de choque y de desescalada, que reflejen las posibles circunstancias y que cubra todas las necesidades.

Pese a la ausencia de contagios, la desescalada se está planteando con prudencia.  La haremos, pero con mucha precaución, seguramente en la modulación va a estar la clave para hacerla organizada, tal vez sea mejor esperar unos días para ver cómo evoluciona la pandemia.

De esta experiencia, además de un gran aprendizaje, nos quedamos con la sensación positiva de que en los momentos difíciles todas las personas damos lo mejor, sin límites. A pesar de una realidad mediática devastadora, con la presión de trabajar en zona infectada y con la incertidumbre de si los equipos eran eficaces en la protección, el personal se ha volcado, hemos hecho una piña para salir adelante, algo que nos ha reforzado como organización. También nos animaban los mensajes de apoyo que recibíamos de otros servicios y la solidaridad de la sociedad. Hemos visto que aquí no sobra nadie, que todos somos imprescindibles.

 

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