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«La colaboración es clave para una educación musical más inclusiva»

Entrevista a Ana Belén García

Ana Belén García es organista,
pianista y mediadora cultural.
También dirige la Escuela de Música
Lourdes Iriondo de Urnieta
y el Ciclo de Órgano
de la Quincena Musical de San Sebastián.

Ana Belén ha realizado
un Trabajo de Fin de Máster
con la colaboración de Gautena.
Su trabajo consiste
en un proyecto artístico y musical inclusivo
para personas con autismo.

En el proyecto participaron 7 personas
de un grupo de ocio y tiempo libre de Gautena.

Para preparar las actividades,
lo primero es conocer a las personas participantes
y sus necesidades de apoyo.
Esta información es importante
para adaptar las actividades y materiales
a las necesidades de cada persona.

También es importante cuidar el espacio
para que sea accesible,
cómodo y fácil de entender.

Conclusiones del proyecto

Una de las principales conclusiones
es la importancia de conocer bien
a cada persona.

Cada persona tiene
diferentes capacidades y necesidades.
Por eso, es necesario adaptar
las actividades y los apoyos
a sus necesidades.

Otra conclusión es la necesidad
de promover más iniciativas inclusivas
en la actividad cultural habitual.

Ana Belén dice que las escuelas de música
y los conservatorios
tienen interés en avanzar
hacia una educación musical más inclusiva.
Para conseguirlo,
necesitan más información,
formación y recursos.

También es importante mejorar
la colaboración entre las instituciones públicas,
las asociaciones
y las escuelas de música.

 

Ana Belén García, organista, pianista, mediadora cultural y directora de la Escuela de Música Lourdes Iriondo de Urnieta y del Ciclo de Órgano de la Quincena Musical de San Sebastián.

Esta reconocida intérprete y mediadora reflexiona sobre los retos de la inclusión en la educación musical y sobre cómo garantizar los derechos culturales de las personas con discapacidad intelectual o del desarrollo. Destaca la importancia de reforzar la colaboración entre instituciones, profesionales de la música y asociaciones para impulsar proyectos culturales más inclusivos.

Recientemente has presentado tu Trabajo Fin de Máster «Mediación artística y derechos culturales: Diseño y evaluación de un proyecto artístico-musical inclusivo para personas con TEA a través del órgano de la iglesia de Iesu de San Sebastián». ¿Cuál era su objetivo y en qué ha consistido?

Este TFM tenía un doble objetivo. Por un lado, analizar el marco normativo de los derechos culturales de las personas con discapacidad en los ámbitos internacional, estatal y autonómico, con el fin de fundamentar la mediación artística como un ejercicio de derechos y no como una práctica asistencial. Por otro, diseñar, desarrollar y evaluar un proyecto de mediación artístico-musical dirigido a personas con trastorno del espectro del autismo (TEA), utilizando como eje el órgano de la iglesia de Iesu de San Sebastián.

Para conocer la situación real y construir una base sólida, elaboré un cuestionario dirigido a escuelas de música y conservatorios del País Vasco.

Con toda esa información diseñé el proyecto en colaboración con Gautena. Participaron siete personas de uno de sus grupos de ocio y tiempo libre, para quienes preparé una propuesta adaptada a sus necesidades.

La evaluación fue una parte esencial del proyecto. Después de cada sesión recogíamos la valoración de las personas participantes y realizaba una autoevaluación para identificar qué aspectos era necesario mejorar o adaptar. Este proceso me permitió introducir cambios de una sesión a otra y ajustar la propuesta de forma continua.

¿Qué adaptaciones has llevado a cabo para facilitar la participación?

Conocer las necesidades de las personas con TEA es fundamental para saber qué aspectos hay que adaptar. Me he basado principalmente en la metodología TEACCH, que considera la anticipación uno de sus pilares fundamentales. A partir de ahí elaboré guías de anticipación y establecí una estructura clara para cada sesión. También preparé materiales con pictogramas y numerosos recursos, aunque finalmente los utilicé parcialmente.

Además, presté especial atención a la adecuación del espacio, procurando que fuera un entorno accesible y amigable.

Tras evaluar el proyecto, ¿qué conclusiones destacarías?

Aunque la experiencia se ha desarrollado con un grupo concreto de personas con TEA, considero que puede extrapolarse a otras personas con necesidades de apoyo. Lo importante es analizar previamente las características de cada persona y diseñar propuestas personalizadas que favorezcan una participación real. Es imprescindible conocer bien a cada participante, identificar sus capacidades y potenciarlas.

La valoración realizada por las personas participantes, sus familias y los profesionales de apoyo ha sido muy positiva. De hecho, una de las principales conclusiones es que este tipo de iniciativas deben impulsarse y dejar de ser experiencias aisladas.

Por otra parte, los cuestionarios realizados a escuelas de música y conservatorios del País Vasco muestran una reflexión compartida. Existe un interés generalizado por mejorar, adaptar los programas y responder mejor a las necesidades de las personas que requieren apoyos específicos. Sin embargo, también señalan que es necesario contar con más información y una mayor profesionalización.

Desde tu experiencia, ¿qué cambios son necesarios para que la educación musical sea accesible para todo el alumnado?

Llevo treinta años dedicada a la docencia y en este tiempo he aprendido mucho enseñando. Siempre he tenido alumnado con distintas capacidades y necesidades de apoyo, y nos hemos ido adaptando lo mejor que hemos podido.

Hoy existen más recursos y también una gran disposición por parte del profesorado, pero hace falta reforzar la colaboración y el trabajo conjunto entre instituciones, asociaciones y escuelas de música. Las administraciones deben conocer las necesidades de las escuelas y los conservatorios, apoyarlas y promover medidas que permitan al profesorado formarse para ofrecer una enseñanza más personalizada.

Además, el profesorado necesita contar con el asesoramiento de profesionales especializados que le orienten en la adaptación tanto de las programaciones como de los espacios.

Por otra parte, los ayuntamientos deberían contemplar la figura del personal de apoyo en las escuelas de música y los conservatorios, igual que ocurre en los centros educativos. Solo así podremos garantizar que cualquier persona tenga las mismas oportunidades de acceder y participar en la educación musical.

También es necesario adecuar los espacios y adoptar medidas relacionadas con la organización del trabajo docente, como revisar las jornadas laborales y adecuar las ratios. Atender adecuadamente a la diversidad requiere tiempo, y disponer de ese tiempo es fundamental para obtener buenos resultados.

¿Qué retos tenemos de cara a los próximos años?

Contamos con muy buenos profesionales, con muchas ganas de trabajar y, además, hoy disponemos de mucha más información y recursos, gracias también al trabajo que desarrollan entidades como FEVAS.

Actualmente es posible avanzar mucho, pero el gran reto sigue siendo fortalecer la conexión entre las instituciones y los profesionales de la música. Esa colaboración permitirá potenciar los resultados.

También es evidente que las personas con necesidades de apoyo tienen hoy una mayor presencia y participación en el ámbito cultural. Aún queda mucho por hacer, pero si miramos otros ámbitos, como la danza o los museos, vemos experiencias muy interesantes que pueden servir de referencia y trasladarse a otras disciplinas.

Otro aspecto importante es compartir experiencias de inclusión a través de la música, como ocurre en iniciativas como Musikazaleak. Es fundamental generar espacios de encuentro donde profesionales y entidades puedan dialogar, compartir experiencias, escuchar y reflexionar de forma conjunta. De esos espacios pueden surgir proyectos interesantes que contribuyan a avanzar hacia una cultura cada vez más inclusiva.

 

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