Johanna Kivinen, responsable internacional de proyectos, programa antiacoso Kiva, Universidad de Turku (Finlandia)
Con esta idea, Kivinen explica por qué la prevención del bullying debe implicar a toda la comunidad educativa. En esta entrevista analiza las claves de uno de los programas de prevención del acoso escolar con mayor respaldo científico y reflexiona sobre cómo construir escuelas más inclusivas, seguras y respetuosas para todo el alumnado.
¿Cómo se relaciona la prevención del acoso escolar con el modelo de una escuela inclusiva?
Se relaciona directamente porque ambos comparten un mismo objetivo: construir un entorno educativo en el que todo el alumnado se sienta seguro, aceptado y con posibilidades reales de participar en la comunidad educativa.
En el contexto educativo finlandés, la inclusión está en el núcleo de la educación. Por tanto, prevenir el acoso no es una actuación puntual, ni aislada, sino una parte natural de una cultura escolar positiva e inclusiva. Una escuela inclusiva no solo debe garantizar la presencia del alumnado en el aula, sino también su bienestar, su participación y su reconocimiento dentro del grupo.
En este sentido, KiVa parte de la idea de que todos los estudiantes tienen derecho a un entorno de aprendizaje que les proporcione apoyo. Para ello, trabajamos aspectos como la empatía, las habilidades sociales y la cohesión grupal, que son elementos que ayudan a generar un contexto escolar dónde el alumnado se sienta seguro, valorado e incluido. Finalmente, KiVa impulsa una interacción respetuosa.
Por tanto, esta es una muy buena base para hacer efectiva la inclusión.
¿Qué elementos distintivos del programa KiVa destacarías como valor añadido?
Uno fundamental es su sólida base científica. Desarrollado por un equipo de investigación de la Universidad de Turku, es el programa de prevención del acoso escolar que cuenta con el mayor respaldo científico a nivel internacional. Su eficacia no se basa en intuiciones o buenas prácticas aisladas, sino en años de investigación rigurosa que han permitido diseñar y validar cada una de sus estrategias de prevención e intervención.
También destaca su sistema de seguimiento mediante encuestas anuales online dirigidas al alumnado y al personal encargado de la implementación del programa en cada colegio. Estas encuestas permiten conocer la prevalencia del acoso, el sentimiento de seguridad o soledad del alumnado y el clima general del centro. Además, ofrece datos interesantes para los colegios, ya que facilitan evaluar su desempeño a través de la comparativa con otros colegios de la red KiVa, a nivel regional o nacional.
Otra de las fortalezas del programa es su capacidad para transformar las normas de convivencia y la dinámica del grupo. KiVa parte de la idea de que el acoso escolar no es un problema exclusivo de la víctima y de quien acosa, sino un fenómeno grupal. Por ello, cuando el profesorado y el alumnado adoptan una postura clara y compartida de rechazo al acoso, esa nueva norma social influye en el comportamiento de todos los miembros del grupo y reduce el apoyo que sostiene estas conductas.
En otras palabras, al cambiar la cultura del aula y promover un clima de respeto, inclusión y responsabilidad compartida, se dificulta que el acoso se mantenga y favorece que el grupo actúe como un factor de protección.
¿Cómo orienta el programa la intervención? ¿Qué pasos debe seguir el centro educativo en relación con el alumnado, los profesionales y las familias?
Se persiguen tres objetivos: prevenir el acoso escolar, intervenir de forma eficaz cuando se produce y minimizar sus consecuencias negativas para todo el alumnado.
Orienta la intervención mediante protocolos claros y estructurados. Cada escuela cuenta con un equipo KiVa formado por profesionales del centro, como docentes, psicólogos o personal sanitario escolar. Este equipo recibe formación y es el encargado de actuar cuando se identifica un posible caso de acoso.
El primer paso es analizar la situación y diferenciar si se trata realmente de acoso o de un conflicto ordinario. El acoso escolar se caracteriza por algunos elementos esenciales: es una conducta repetida en el tiempo, existe un desequilibrio de poder entre las personas implicadas y provoca un daño significativo en la víctima.
Cuando se confirma un caso de acoso, el equipo pone en marcha una intervención estructurada con las personas implicadas. En primer lugar, mantiene conversaciones individuales con la víctima para ofrecerle apoyo, transmitirle que el centro asumirá la gestión de la situación y realizar un seguimiento de su evolución.
Con el alumnado que ejerce el acoso, el programa contempla dos posibles enfoques. El primero es confrontativo: se comunica que ese comportamiento es inaceptable y debe cesar de inmediato. El estudiante asume el compromiso de modificar su conducta y, posteriormente, se realiza un seguimiento. El segundo enfoque es no confrontativo y se basa en fomentar la empatía. Se invita al estudiante a reflexionar sobre cómo puede contribuir a mejorar la situación de la víctima. En ambos casos, el objetivo no es castigar, sino promover un cambio real en el comportamiento.
Un aspecto importante de este método es que la víctima y la persona que ejerce el acoso generalmente se entrevistan por separado. De esta forma, se crea un entorno más seguro para la víctima y se evitan situaciones de revictimización o desequilibrios de poder.
Las familias también desempeñan un papel relevante, aunque no participan directamente en intervención. Reciben información sobre el funcionamiento del programa, los protocolos de actuación y recursos prácticos, para saber cómo actuar si su hijo o hija está implicado en una situación de acoso, ya sea como víctima, como persona que ejerce el acoso o como observador.
La prevención es uno de los pilares del programa. ¿Cómo se implementa este enfoque preventivo tanto en la escuela como con las familias?
El programa dedica una parte importante a la formación del profesorado. Después, el profesorado trabaja con el alumnado para que aprenda a identificar qué es el acoso escolar y a reconocer sus principales manifestaciones. Este conocimiento ayuda al alumnado a detectar situaciones de riesgo y a saber cómo actuar ante ellas.
El profesorado, por su parte, recibe formación específica y dispone de materiales didácticos para trabajar estos contenidos en el aula. Esta preparación les permite distinguir entre un conflicto puntual entre iguales y una situación de acoso escolar. Aunque ambos requieren una intervención educativa, pero no siempre es necesario activar el protocolo de intervención del equipo KiVa.
La formación aborda valores como el respeto, la inclusión, la diversidad, la empatía, la cohesión grupal y las normas de convivencia, con el objetivo de construir un entorno en el que cada estudiante se sienta respetado, valorado y plenamente incluido.
¿Y con las familias?
Al inicio de cada curso, el centro informa a las familias sobre el programa y su compromiso con la prevención del acoso escolar. Les explica que el bullying no tiene cabida en la escuela, cuáles son los protocolos de actuación y qué medidas preventivas se desarrollan a lo largo del curso.
Las familias también conocen el contenido de las lecciones KiVa, dirigidas al alumnado y basadas en actividades prácticas, como dinámicas de grupo, juegos de rol y espacios de reflexión compartida.
Además, el programa incorpora propuestas para que los estudiantes conversen en casa con sus padres y madres sobre sus propias percepciones o experiencias relacionadas con el acoso escolar. De este modo, las familias comprenden mejor el enfoque del programa y pueden implicarse de forma activa, reforzando desde el hogar los valores que se trabajan en el aula.
Desde una perspectiva inclusiva y basada en derechos, ¿cómo contribuye KiVa a garantizar que todo el alumnado, incluyendo a quienes tienen discapacidad intelectual o del desarrollo, se sienta seguro y reconocido?
Lo fundamental es que promueve una cultura escolar inclusiva en la que la dignidad, la participación y el sentido de pertenencia de todas las personas se fomentan de manera explícita. Parte de una idea clave: el acoso escolar es un fenómeno grupal. Por ello, el programa no centra su actuación únicamente en la víctima o en quien ejerce el acoso, sino en todo el grupo de iguales.
El objetivo es influir también en quienes observan la situación, la refuerzan con sus risas, sus aplausos o su silencio, ya que su comportamiento puede contribuir a mantener el acoso. Al modificar la respuesta del grupo se transforman las normas que regulan la convivencia en el aula y se crea un clima en el que cualquier forma de acoso es claramente rechazada.
En definitiva, el programa pretende construir una cultura escolar en la que todas las personas se sientan incluidas.
Referencias al programa:
Gurasoen gida – Programa antiacoso KiVa
Bullying-aren aurkako programa finlandiarra | Just another KiVa Koulu site


